domingo, 13 de diciembre de 2015

ALEJANDRO VARGAS


Bardo guayanés del siglo veinte que trascendió nacionalmente con sus populares aguinaldos La Casta Paloma y La Barca de Oro.  El famoso Quinteto Contrapunto lo descubrió de la mano con Juvenal Herrera y popularizó composiciones que hoy son patrimonio cultural de Venezuela.
  
El 10 de agosto de 1892 se metió el rió hasta cubrir la Piedra del Medio y el 13 de noviembre, día de San Diego, nació el hijo de Julia Vargas y del albañil trinitario, Luis Baptista, en calle de la capotera donde nacieron sus otros tres hermanos, muertos antes que el.
En la capotera  o calle Peñalver vivía la longeva y hacendosa Julia Vargas cocinando y lavando para los constructores del dique con el cual el Gobierno pensaba detener las periodistas embestidas del Orinoco, por el lado de la laguna del medio y los francos. Allí, entre el canto del manduco utilizado para estregar la ropa y el regusto del típico condumio nació un romance entre el trinitario y la guayanesa, que dio lugar a uno de esos raros ejemplares de la juglería criolla.
El Dean de la Catedral Monseñor Juan Francisco Avis lo bautizo con el nombre de Alejandro porque según la cuenta de la madre Julia Vargas, estuvo concebido el 26 de febrero, día de San Alejandro, patriarca de Alejandrina. Posteriormente Monseñor Antonio Maria Durán lo confirmó y así el negrito del barrio de la Capotera quedó libre del pecado original.
En agosto de 1943 cuando en Orinoco volvió a rebasar sus fronteras, no quedo Capotera para nadie y muy cerca del Convento San Francisco y el barrio de los Culíes, donde los negros mezclados con  hindúes habían formado una especie de ghetto de hermandad y solidaridad bien pigmentado, fueron a parar los damnificados, entre ellos la familia Vargas. Ya para la fecha Luis Baptista estaba muerto y Julia Vargas se había quedado lidiando con sus muchachadas hasta la avanzada edad de 103 años.
Desde muy temprana edad Alejandro incursionó en la pesquería, especialmente en la temporada de agosto cuando al terminar la crecida del Orinoco, la ribazón de sapoaras, coporos y bocachicos deparaba buen sustento. Este oficio,  casi natural de la gente que vive a orillas del río, lo alternaba con el de pintor de brocha gorda cuando no con el vendedor de frutos y chinchorros de moriche. De esas vivencias se compone su guasa “La Sapoara” estrenada en 1947, superada en transcendencias por el merengue de Francisco Carreño.
Lo de músico nunca supo de donde le venía y con los serenateros de su tiempo aprendió a combinar con estilo y ritmo propio el sonido de la guitarra, aprovechando su excelente voz de tenor que muchos llegaron a comparar con la del Mexicano Mario Vargas.
Era un autodidacta de la música, la composición y el canto. No tuvo maestros y lo que aprendió fue por su buen oído, habilidad y gran constancia. Llegó a convertirse en la Vedette de las serenatas y por esa vía conoció a mucha gente importante y pudo actuar con soltura en los clubes y círculos sociales. Tan bueno cantaba que cuando se le desfiguro la voz a causa de una lesión en la garganta, los supersticiosos y fatalistas lo atribuyeron a un maleficio y esto para tormento se lo confirmó después el curandero Benjamín Branche que en la ciudad era tan famoso como Yaguarín el de la Canoa, y a donde lo llevó su hijo mayor Trino para salir de las dudas.
El curandero le pronosticó  que a la hora tal  se le desprendería la campanilla, vale decir, la úvula o galillo de la gargantas, y así ocurrió: el apéndice uvular que cuelga de el velo palatino y con el cual articulaba los sonidos se le desprendió. Lo conservó por mucho tiempo en un frasco de alcohol, pero un mal día desapareció, se lo hurtaron a igual que a su guitarra color caoba oscura, lo cual conservaba el tercero de sus cinco hijos, vale decir, Mario, en humilde casa de la calle Carabobo. Mario Vargas, quien ejecuta cinco instrumentos es el heredero nato de las cualidades artísticas de su padre.
Tocaba la guitarra a veces el cuatro. Con ella iba a todas partes y el resto de voz que le quedaba continuó su vida de cantor popular rendido a la bohemia y sin importarle el lugar y la distancia.
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La barca de oro
La Barca de Oro de Alejandro Vargas era una añeja y húmeda curiara de lo más pobre y trajinadas.
De tanto fondear a quilla limpia sobre la arena y encallar entre los invisibles arrecifes del Orinoco, se le había averiado el casco de tal forma que su dueño no podía carenarla sino con retazos  de enaguas y camisa vieja.
Las curiaras indias son labradas a fuego lento controlado para luego navegar el río a canalete, con palanca o la sirga. Pero aquella pobre curiara de Alejandro Vargas y su compinche el Catire Carvajal que vivía en el barrio Perro Seco a orilla del Orinoco, tenia vela como uno de esos barcos surtos en el puerto de Ciudad Bolívar que tanto lo impresionaban, y a bordo de ella solían ir a los caseríos ribereños, el uno con su cuatro y el otro con su guitarra, a “matar tigre”, o en lenguaje más práctico, a “buscar la vida”.
Un 24 de diciembre navegaban de regreso remontando el Orinoco a tiro de pasar la Navidad en la capital bolivarense, pero el río estaba encrespado y la curiara, debido a filtraciones, tenía que ser achicada sin cesar.
Tras navegar bajo intenso sol desde puerto de tablas y luego con la noche haciendo más difícil la navegación, decidieron atracar en un lugar de donde la brisa traía voces y se veían luces. Era Palmarito, aldea de pescadores a escasa distancia de Ciudad Bolívar y a punto de Noche Buena de Navidad.
Cortado el frió con un buen trago de ron Bucare, Alejandro Vargas desenfundó  su inseparable guitarra de un impermeable y otro tanto hizo Carvajal con su cuatro y al poner pies en tierra, Alejandro improvisó este aguinaldo que perdura en el alma popular con la misma fuerza de Casta Paloma; “La Barca de Oro/ el timón de plata/ la quilla de acero/ las velas de nácar/ hasta aquí llegamos/ ya fondeó la barca/ y los pescadores/ dan su serenata.

Parrandas y Comparsas
Alejandro Vargas solía recrearse infatigablemente en sus propias melodías y le imprimía nuevo acento a las de otros compositores que tuviesen valor popular.
Para ello no disponía de otros recursos que su inseparable guitarra, su sensibilidad de poeta nativista y peculiar voz de juglar. Por ellos era único en ese ir y venir por la ciudad, animando el llamado entusiasta de quienes querían tenerlos de compañero durante la fiesta familiar, la farra de ocasión a la parranda serenatera.
Tenía soltura para su composición y la improvisación, especialmente cuando sentía admiración por algunas personas o causaba el impacto de algún acontecimiento. Fue autor de innumerables valses, pasajes, joropos, guasas y aguinaldos de arraigada tradición en el repertorio de comparsas y parrandas de la región.
El vals “Margarita”, que compuso para la novia de Felipe Maita, amigo suyo, es trozo nunca dejado de lado en los convites musicales. Igualmente el joropo “Guacharaca”. “Elenita  Morales” fue una de sus ultimas composiciones. Se trata de un vals dedicado a Elena I, reina de carnaval en 1964. Pero son realmente los aguinaldos “Casta Paloma” y “La Barca de Oro” las composiciones trascendentes de este insigne juglar guayanés.
Estaba siempre el negro Vargas donde la alegría hacia falta aún cuando sus canciones algunas veces fueran tristes. Era único con su voz y su guitarra y durante las fiestas tradicionales resplandecía su ingenio de artista pupilar en las típicas comparsas de Año Nuevo, reminiscencia india de culto de los animales como la Burriquita, El Sapo o el Pájaro Piapoco, en las que lo seguían  la inquebrantable devoción de Rafael Martínez, Chicha Arias, Emenengilda Flores, las hermanas Marías, Matilde y Julia Farfán, los hermanos Pantojas, los hermanos Tabare y la Negra Pura, bailadora de la burriquita.
Tantos las comparsas como las parrandas recorrían la ciudad cantando aguinaldos de casa en casa en la época decembrina, y bailando los animales tejiendo el sebucán.
Por espacio de medio siglo hasta que le llego la muerte el 16 de marzo de 1968, estuvo Alejandro Vargas cantándole a Ciudad Bolívar, a su fauna, a su gente y a los valores tradicionales y culturales. Desde entonces podríamos decir que comienza a languidecer en la ciudad angostureña la novedad del buen aguinaldo y las comparsas. De vez en cuando como ahora “Corre Caballito” prende el buen aguinaldo en el alma popular.
“Corre Caballito” es un aguinaldo introducido en los años sesenta por el entonces padre Constantino Maradei Donato, luego de escucharlo por primera vez a las monjas del Caicara del Orinoco.
Alejandro Vargas es autor de otros veintinco aguinaldos, entre ellos, “Conferencia, (De noche le dice/ el sol a la luna/ que Ciudad Bolívar/ tiene una fortuna/ todas sus mujeres/ preciosas y bellas/ por eso aplaudieron/ todas las estrellas); “Que luna tan bella”(Que luna tan bella/ está con nosotros/ se torna de plata/ el ancho Orinoco/ se mueve las aguas/ al pasar los peces/ vuelan las gaviotas/ y luego amanece); “Misterioso Caroní” (hay un gran misterio/ en el Caroní/ nadie se imagina lo que pasa allí/ que han visto una nave/ en un viernes santo/ que atraviesa el río/ con música y canto/ y dice la gente/  y la gente dice/ que es en Caroní); “Paloma Blanca”  (Palomita Blanca/ que emprendes el vuelo/ que no exista  dengue/ para el Año Nuevo/ un milagro de oro a dios ofrecí/ con que la gripe/ se valla de aquí).
Alejandro Vargas, producto de una mezcla decantada con el tiempo del negro africano con el amerindio, no tuvo más escuelas y disciplina que su pobreza distraída en un medio donde podía andar sin tropiezos gracias a su alma sensitiva de bohemio y rapsoda.
 Durante casi toda su existencia septuagenaria no pasó de estos contornos de ríos y de selva y ya en los últimos meses de su existencia fue cuando ese puente mágico y eventual del extinto Quinteto contra puntos, trascendió a lo nacional con el aguinaldo “Casta Paloma” y la “Barca de Oro” que más tarde terminó  popularizando el conjunto de “Serenata Guayanesa”.
En la divulgación de sus compositores, después de su muerte, también contribuyó el INCIBA editando un long play antológico de sus mejores piezas.
El negro Alejandro Vargas murió estrangulado por la artritis que lentamente terminó de apagar su voz y el rasgueo de su guitarra. Se había pasado la vida en comparsas y parrandas, ofreciendo serenatas y “cantando aguinaldo”, pero desde el primer percance que le malogró la voz, abrigaba sutil temor por la soledad y la muerte: Cuando yo me muera / ¿quién me irá a llorar? / Solo las campanas / de la Catedral.


sábado, 12 de diciembre de 2015

NATALIO VALERY AGOSTINI ESCOGIÓ UN BUEN DÍA PARA MORIR


Empresario fuertemente ligado al desarrollo regional de Guayana, a quien suele recordarse en los dos últimos meses del año de haber nacido en Navidad y fallecido el día de los muertos. Pero que debería recordarse mejor por sus ardorosas campañas a favor de la siderúrgica, el Banco Guayana, la Aduana y el Puente sobre el Orinoco.

Los primeros Valery llegados a Venezuela fueron los hermanos de nacionalidad Francesa, Ernesto establecido en Maripe, casado con Emilia Serrano Ortiz, establecido en los llanos del Guárico, donde conoció y desposó con su venezolana Antonieta Agostini Sisco, hija de Natalio Agostini y Ana María Sisco, naturales de Córcega y por mucho tiempo residenciado primero en Zaraza y luego en el Chaparro.

El matrimonio Valery-Agostini tuvo lugar 1887, pero dos años después, Carlos enfermó y debió regresar a Europa con su esposa en cinta. Llegando a puerto de Marsella y en el mismo barco en que viajaban, Maria Antonieta dio a luz el 25 de diciembre de 1889 y por haber nacido el día de la natividad y porque así también se llamaba el abuelo materno, el bebé fue bautizado con el nombre de Natalio.

A temprana edad, Natalio quedo huérfano bajo la tutela de los tíos Corsos Vicente, Félix y Pascual Agostini. Este último joven todavía  y por la  raigambre dejada por sus padres en Venezuela y el resto de intereses pecuarios en el Estado Guárico, regreso junto con su sobrino Natalio (1902) que para entonces tenia 12 años. Aquí fundo la firma mercantil “Mariano & Agostini” y contrajo matrimonio con Maria Cavallazzi, pero no tuvo sucesión.

Pascual Agostini, m{as que sobrino, consideraba a Natalio como un hijo y lo preparo con vista al futuro manejo de su parte en la empresa, inscribiéndolo en el Colegio San  Agustín dirigido por el pedagogo Régulo Machado, donde no solo se enseñaba la primaria, si no que se preparaba al alumno para desempeñarse en cualquier oficio de índole mercantil.

Debidamente preparado en los asuntos mercantiles y con la ventaja de tres idiomas (español, francés e italiano) comenzó Natalio Valery Agostini a trabajar con su tío hasta que este falleció en 1908. Entonces tenía 19 años y quedo prácticamente al frente de los negocios de su tío.

El 5 de julio de  1911, centenarios de la independencia, el presidente del Estado Bolivar, general Arístides Tellería, inauguró una serie de obras: la luz eléctrica, el paseo 5 de julio, la plaza farrera y la Estatua de la libertad en la plaza Arismendi del sector Santa Ana, frente a la logia asilo de la paz Nº 13. Aquí Natalio, con el ardor de sus 21 años pronunció su primer discurso en el que intercaló fraces insoportables para le hipersensibilidad políticas para los adoraderos de la dictadura gomecista, lo cual le valió cierta represión  oficial.

Veintisiete años después, ya muerto y enterrado Juan Vicente Gómez, don Natalio Valery pronunciara un acto de recepción al presidente Eleazar López Contreras, otro discursó polémico relativos a los problemas económicos y sociales de la región, que lo enemistará con el entonces gobernador del Estado, doctor José Benigno Rendón.

En 1920 ingresa como Gerente de la C.A. Electricidad de Ciudad Bolívar bajo la presidencia de Andrés Juan Pietrantoni y renuncia luego de once años para sumir la gerencia de la Nueva Cervecería de Ciudad Bolívar, fabricante de la famosa Pilsen “princesa Bolívar” para que los guayaneses significaba como “la regional” para los zulianos.

La Nueva Cervecería que trabajaba con maestros de cerveceros alemanes con la mayor cebada importada de Europa, fue otra victima de la segunda Conflagración Mundial, pero antes sostuvo una guerra a muerte con la electricidad al tratar de competir por el mercado doméstico y comercial del fluido eléctrico, así como por otros renglones referidos a la molienda de granos y producción de hielo.

Ciudad Bolívar, desde el siglo pasado hasta loa años sesenta, importaba y exportaba por su puerto fluvial y, por consiguiente, disponía de una Aduana que finalmente fue trasferida a puerto Ordaz.

Pero antes que lo fuese, hubo en 1940 un intento por parte del doctor Francisco J. Parra, ministerio de hacienda, de eliminarla en función de la nueva Aduana de puerto la Cruz, donde según telegrama envió entonces a la Cámara de Comercio, debía realizarse el desembarque  de la mercancía importada por los comerciantes bolivarense a objeto de que llegara por carretera a su destino final. El primero en salirse al paso con todos los hierros a esta predecisión ministerial, fue don Natalio Valery esgrimiendo razones no solo económicas y de administraciones hacendistas, sino de logística comercial que al final convinieron al Gobernador Nacional de un inconveniente de que ante mano estaba subrayado por falta de una carretera propiamente dicha a un puente sobre el Orinoco.

Don Natalio Valery fue un sempiterno miembro de la Cámara de Comercio e industriales de Estado Bolívar, y su presidente y miembro directivo por varios períodos, no tenia o nunca tuvo partido político donde afianzar sus luchas y campañas a favor del desarrollo de Guayana. Estas las emprendió y sostuvo siempre desde la Cámara de Comercio que para su tiempo fue un gremio fuerte tomado en cuenta que se hacia sentir nacionalmente a todos los niveles.

Si bien en tiempo de Cipriano Castro ya se había acariciado la idea de un puente sobre el Orinoco, una campaña firme sostenida no empieza sino con una ponencia presentada por Don Natalio Valery en la XII convención de Fedecámaras realizada en Porlamar de todas las delegaciones, apoyo que fue ratificado en la posterior convención de Maracay.

La dictadura perezjimenista proyecto el puente sobre soledad y Ciudad Bolívar con pase central sobre la piedra del medio y línea férrea sencilla, pero al final lo construyeron los gobiernos de Betancourt y Leoni, ocho kilómetros agua arriba entre punta Chacón y playa blanca con un diseño distinto.

También fue objeto de su preocupación el canal de navegación del Orinoco que, parecido a una caña, presentaba nudo a todo lo largo. Había que eliminar esos nudos, solía escribir por la prensa don Natilio, para que la navegación sea fluida hasta el puerto de Ciudad Bolívar y no ocurra accidentes de encallamiento, frecuente en los intentes bancos de arena de la Pastora y la Franquía en tiempos de estiajes.

Años van y años vienen y en las bajantes periódicas de las aguas se impone el trasbordo de la carga de cabotaje y de importación que traen en sus estrechas bodegas los barcos que navegan el Orinoco. Y se maltratan los bultos, y pudren las papas, y se dañan las cebollas, se atrasan los ganados de embarques y las compañías navieras corren con el grueso de los gastos de esa dilaciones argumentaba don natalio.

Pero no solo había que dragar el Orinoco sino limpiar y mantener afluentes importantes como los ríos Apures, Arauca, Meta, Portuguesa, Guanare, Cojedes, Masparro, Caura y Guárico que para 1966 ya no se podían navegar como desde el siglo anterior, pues por falta conservación y protección se hallaban reducidos a una utilidad mínima.

De igual manera había que contar bien las islas del Orinoco y fijar la atención oficial y cartográfica en las mismas, pues en la ley de División Política Territorial aparecían veinticuatro cuando la realidad geográfica ponía al descubierto 79 islas que don Natalio  en un articulo publicado en “EL luchador” del 24 de diciembre de 1953 mencionaba con sus nombres y jurisdicciones municipales respectivas.

El dragado de río Orinoco al final se realizó, pero hasta puerto Ordaz hubo que explotar los yacimientos del hierro del Cerro Bolívar. Entonces don Natalio debió emprender desde la Cámara de Comercio una nueva campaña, pues en vez del dragado sin, línea férrea no! Era la consigna.

  Para que la siderúrgica del Orinoco se estableciera donde esta, la Cámara de Comercio presidida por don Natalio Valery debió librar una ofensiva ante el gobierno central apoyada por una sostenida campaña a través de la prensa local y nacional, pues la fuerza vivas de Anzoátegui, liderizadas por su Cámara de Comercio, se desplazaban en todos los terrenos para que dicha planta se instalara en Barcelona o en puerto la Cruz  alegando puertos profundos para que el embarque de los productos siderúrgicos de exportación y disponer de carbón mineral, gas natural y derivados del petróleo coadyuvantes para sacar adelante la nueva industria manufacturera de los grandes yacimientos de hierro descubiertos en Guayana.

En una larga entrevista publicada por El Universal del 18 de noviembre de 1953, don Natalio Valery refuta las argumentaciones de los anzoatiguenses señalando que ya el dragado del Orinoco que permitía de barcos de gran calado era una realidad tangible y que lo del carbón mineral y los derivados del petróleo no resistía una comparación  con el potencial hidroeléctrico del Caroní cuya explotación podía ser eterna (la presa de guri se alza sobre parte de esos terrenos del hato San Carlos que vendió a la nación a Bs. 26 la hectárea).  Por eso decía resulta aventurada la pretensión de los dirigentes anzoatiguenses. Es como si ellos que tienen el petróleo permitieran que los guayaneses se alzaran con las refinerías. Las industrias tienen que estar donde esta la materia prima y ese es el caso de Guayana con relación al hierro.

El gran Hotel Bolívar, primero de estilo moderno y de gran capacidad, inaugurado en Ciudad Bolívar y que la tradición o sucesión propietaria, sujeta a vaivenes económicos, ha trasformado en el actual Hotel Colonial, fue sin duda una iniciativa muy acertada y loable de la visión y dinámica empresarial de don Natalio Valery Agostini, desde la comunidad del Rotary Club de Ciudad Bolívar, constituido en gran promotor. El edificio de cinco pisos fue inaugurado el 9 de agosto de 1952 con su capital de Bs. 1.700.000. Comenzó a funcionar bajo la presidencia de Ernesto Bilancieri.

Asimismo en la ciudad capital fue inaugurado el banco de Fomento Región Guayana, hoy Banco de Guayana en manos del sector privado, en diciembre de 1955 bajo la presidencia de don Natalio Valery Agostini.


Don Natalio Valery, quien falleció el de 2 de noviembre de 1969 a la edad de 80 años, no solo se distinguió como líder, hombre de empresa y de desarrollo de Guayana, sino que sobre salió  como arador y en los cargos de desempeño ya de Venerable Maestro  de la logia asilo de la Paz Nº 13, donde alcanzó el grado 33; directivo de fedecámaras, del Consejo de Economía Nacional, pro-Venezuela, Banco Industrial, Cadafe, Sidor, Saudo, Centro Literario y Científico, Ateneo Guayanés, Cónsul de Chile, del Reino Unido y presidente por varios periodos de la Cámara de Comercio y del Rotary Club. Antes de morir fue declarado hijo ilustre de Guayana por el Consejo Municipal  de Heres y condecorado con la orden de Francisco de Miranda.

viernes, 11 de diciembre de 2015

HORACIO CABRERA SIFONTES


El sentido de la muerte que es el verdadero sentimiento trágico de la vida se puede experimentar de dos maneras: en la carne propia o la de los demás. Lo más  corriente es experimentar la muerte de los otros, y son pocos los seres humanos que se dan realmente cuenta de cómo la muerte nos va invadiendo cada día. En cierta forma se podría decir que vives en un suicidio. Por eso decía Camus que el suicidio es el más importante de todos los temas  filosóficos (Ludovico Silva).

Cuantas veces pensó Horacio en el suicidio? Tantas como cada escalón restado por el tiempo al cerco que le iba reduciendo la vida. No espero que el suicidio se consumara por su cuenta. El siempre fue un rebelde y por eso un día después de conmemorada la Bandera, cuando el sol tenía su crepúsculo sobre el Orinoco, se le adelantó. Como también lo hizo Diego Heredia Hernández, quien lo sucedió en su gobierno. Como también igualmente lo hizo Fabricio Ojeda, con quien pernocté, a fines de 1958 en su hato del palmar. Como así mismo su amigo Alirio Ugarte Pelayo, el 19 de mayo de 1966 y como aquel insigne novelista premio novel que el admiraba, Ernesto Hermingway, el celebre autor de “por quien doblan las campanas” y “muerte al atardecer”.

El siempre fue un adelantado, como todos los canarios de su estirpe que desafiaron al mar temeroso para asentar las bases de su porvenir en aquella tierra de gracia llamada Aragua de Barcelona y después en el Guarín allí en las tierras del Yuruán del Yuruary.

 Yo lo conocí siendo, el Gobernador de este Estado en el año transición de las Dictadura de la vigente Democracia. Ese año de 1958 fue realmente efervescente, a la medida de su temple y de su talla de hombre formado en la dinámica del acontecer nacional.

Venía con el proyecto del puente sobre el Orinoco bajo el brazo. No lo hizo por donde el lo había decretado, con base central sobre piedra del Medio, sino ocho kilómetros aguas arriba, entre Playa Blanca y Punta Chacón. Pero no importa, allí esta y tiene en su haber el haberlo decretado.

Cuando eso ya había recorrido medio mundo. Todavía no se le abría su vena de escritor: Apenas conocíamos “Caramacate”, escrita cuando luchaba en la clandestinidad contra la tiranía de Juan Vicente Gómez. Entonces permaneció secuestrado en la cárcel de la Rotunda desde 1930 hasta 1934, año en que fue deportado junto con Jóvito    Villalba, a quien llamaba hermano; José Antonio Mayobre, Fernando Key Sánchez y otra cáfila de jóvenes combatientes.

La Rotunda me lo confesó en cierta ocasión- era un calabozo descomunalmente redondo donde la voz hueca de los carceleros retumbaba con la misma crudeza tenebrosa de los grillos

Grillos hasta de treintas kilos que los carceleros atornillaban en los píes de los políticos en rebeldía los grillos no solamente estaban en la Rotunda. En todas las prisiones del redimen gomecista funcionaban esos aparatos  medievales concebido para aniquilar a los libres pensadores. Pero una vez que el tirano sucumbió a los términos de su longevidad, los fraguados instrumentos de tortura fueron refundidos para mejor destino unos, y otros como los de la vetusta cárcel de Ciudad Bolívar, lanzado a las aguas profundas.

Los grillos de la cárcel de Ciudad Bolívar se los trago el río. Una vez tirado fueron llevados a bordo de una curiara y lanzados al Orinoco. La fantasía popular dice que cayeron justamente en la fosa de 150 metros agua debajo de la piedra del Medio, donde el bachiller Ernesto Sifontes pescó un pez-sierra que desorientado había penetrado por el estuario del Delta. Allí quedaron los grillos arrojados como áncora de un viejo galeón del que ya no debe quedar ni la herrumbre.

Horacio Cabrera Sifontes padeció grillos de ese calibre, allí en la Rotunda. Grillos como votas infernales a los cuales en un esfuerzo sobrehumano debió adaptarse durante cuatro años de su reclusión en aquella fatídica prisión demolida por fortuna hace más de setenta años, para erigir allí la Plaza Concordia, donde se respira con el recuerdo el aire enrarecido de una época signada por bárbaros procedimientos.

Junto a Horacio ¿Cuántos? El en sus conversaciones solía sacarlo de sus pliegues de una memoria que se resistía a la demencia del tiempo: Francisco (Kotepa) Delgado, Fernando Key Sánchez, Raúl Osorio, José Antonio Mayobre, Juan Bautista Fuenmayor ¿Cuántos más? Es una lista larga y Cabreras Sifontes apenas mencionaba algunos compañeros de su reducida como sórdida celda llamada “El Olido”.

Era un recuerdo tenebroso, pero del cual no se quejaba porque le había transmitido una experiencia extraordinaria al llegar a conocer al régimen político de aquel tiempo.

Horacio fue reducido a la terrible Rotunda por estar comprometido al complot denominado  “Dancing del Hipódromo” que era una organización que conspiraba buscando una salida democrática al régimen autoritario de Gómez.

Entonces trabajaba en el diario “El Heraldo” como traductor de cables noticiosos del ingles y francés al castellana, pues había estudiado en Trinidad y aprendió esos otros dos idiomas que le permitieron conocer más las ciudades europeas por donde viajó y vivió intensamente. Con igual ofició laboró en el diario “La Esfera” y en “New York Bermúdez Company”.

Horacio Cabreras Sifontes  trabajaba y se ganaba la vida en buena lid, pero era un perseguido de Gómez, dado que su familia, desde los tiempos del Mocho Hernández, siempre estuvo metida en empresas revolucionarias. De Guayana se había ido al Zulia. Estuvo un tiempo internado en la montaña y luego quiso normalizar su vida en Caracas, pero no le fue posible porque pronto cayó en las redes de la política oposicionista y consecuentemente en la cárcel y el exilio.

 El 6 de siembre de 1934 fue embarcado en El Flandre y junto con cinco de los 36 políticos que habían en prisión, Salió exiliado hacia Trinidad por el puerto de la Guaira.

Su llegada a Trinidad fue detectada por Miguel Otero Silva. Desde lejos el escritor veía que los recién legados caminaban tirado hacia delante y no podían ser normalmente pues habían perdido el centro de gravedad por llevar grillos durante tanto tiempo.

Cabreras Sifontes juró no volver a Venezuela sino después de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez ocurrida el 17 de diciembre de 1935, coincidencialmente de la muerte del Libertador, pero en 1937 volvería a sufrir el ostracismo, pues las cosas que comenzaron bien con López Contreras, terminaron mal y hubo nuevamente presos, persecución y exilio. Entonces se radicó en Bogota y editó en esa capital una colección de relatos de la selva guayanesa bajo el titulo de “Caramacate”.

Posteriormente se traslado a California y allí estudio ingeniería de sonido e intervino en la producción del filme venezolano “Joropo”. A partir de 1940 se vinculó al Maestro Rómulo Gallegos, a quien acompaño en sus exploraciones cinematográficas por los Estados Unidos y escribió una adaptación fílmica de “Doña Bárbara”.

Comenzaban a echar raíces en los Estados Unidos  cuando en tiempo de Isaías Medina Angarita, por una circunstancia inesperada, se vio impelido volver a la patria: el Gobierno norteamericano lo obligaba a enrolarse en el Ejército. Se negó alegando que era exiliado político. Consultaron al Gobierno Venezolano y no escueto telegrama de respuesta de Ministro de Relaciones Interiores, Arturo Uslar Pietri, que decía “Venezuela  no tiene presos políticos ni políticos expulsados”, lo hizo retornar.

Dada su amistad con Rómulo Gallegos estuvo apunto de seguir de lleno en la política, pero no dio cuenta que los dirigentes que estuvieron preso junto con el estaban divididos y eso lo decepcionó tanto que se dijo: “mi puesto no esta en ningún partido sino en el campo”. De manera que miro la tierra de sus abuelos, para la tierra de sus padres Valentín Cabreara Nier y Mercedes Sifontes y de Caracas se vino para Guayana, donde se dedicó a la faena agropecuaria,  legando a ser connotado dirigente y Presidente de la Federación de Ganaderos del Estado. Al lado de su amigo Raúl Villegas  libro importante batallas en defensa del régimen ganadero. Escribió varios folletos sobre problemas del campo y combatió la supresión del Condón Sanitario contra la Aftosa que amenazaba a toda ganadería del país.

 La restauración democrática de 1958 lo elevó a la Gobernación del Estado Bolívar. El hecho de que fuese designado titular del Poder Ejecutivo de su territorio natal, lo calificaba el “casi  una equivocación”. Lo obligo a ello su amistad con Eugenio Mendoza. Al principio se resistió hasta que el industrial entonces miembro de la junta de  Gobierno precedida por el Vicealmirante Wolfgan Larrázabal le dijo: “vas a tener plena libertad, tu eres un elemento de plena confianza, y vas a escoger el equipo que tu creas necesario”. Esa frese oportuna lo convenció y aceptó el mandato.

Cuando vinieron las elecciones del 508 y concluía su gestión, Sofía Fernández de Lezama fue comisionada por Rómulo Betancourt para proponerle que se quedara en el gobierno un año más y luego vino a ratificárselo personalmente el Dr. Raúl Leoni aduciendo que Acción Democrática no tenía objeciones,  que deseaba se quedara en la Gobernación por que lo había hecho bien. Entonces Horacio le respondió: “ahora menos me quedo porque nadie es buen gobernante sino aquel que se muere a tiempo”.
No quería don Horacio caer en la tentación de arriesgar su buen imagen de gobernante en el continuado y enrevesado juego de la política. Además se acordaba del poeta nativista Héctor Guillermo Villalobos, quien fue victima de la pugna interna de su partido, llegando el Dr. J. M. Siso Martínez a proponerle a resolver en el pecho para que renunciara como Gobernador que fue del 45 al 46 pero el poeta no se acordaba sino que lo desarmó y después el Ministro Valmore Rodríguez lo llamó y le dijo: “Querido Guillermo, te voy a dar un chance para que renuncies”  y Héctor Guillermo Villalobos le respondió: “Yo no renuncio porque yo lo estoy haciendo bien. Si usted quiere, quíteme” y lo quitaron.

Durante el periodo 1964-1968 el escritor político Horacio Cabreras Sifontes represento al Estado Bolívar como Senador de la República en las listas de URD. El aparecía como candidato independiente, por que nunca había querido militar alegando que era reacio a la disciplina partidista. Sin embargo, el día en que unos cuantos parlamentarios urredistas le dieron la espalda al partido amarillo, el quiso tener un gesto de solidaridad con el partido que lo llevo en sus planchas y se inscribió como militante.

Pero en 1973 no quiso militar más URD y alegaba como causa la inconsistencia de Jovito Villalba  hacia los partidos con los cuales suscribió un acuerdo para ir unidos a las elecciones de 1973 en torno a un solo candidato escogido en un Congreso que se reunió en el palacio de los Deportes. Pues bien, Paz Galárraga y Jovito Villalba se diputaron la candidatura de unidad de la Izquierdas. Resulto electo el doctor Jesús Angel Paz Galárraga del Movimiento electoral del pueblo, y Villalba dijo entonces el discurso más revolucionario, más sociológico, más científico que halla dicho en su vida.

Horacio solía citar casi textualmente aquel pasaje conmovedor del discurso de Villalba que decía:”…. Ustedes creen que yo estoy triste porque he perdido, pero yo he ganado, he ganado mi lucha de todos los tiempos porque sacrificándome yo a la ambición tonta por la Presidencia de la República, he logrado que se unan las Izquierdas”.
Pero aquellas palabras que resonaron en el corazón de los sufragantes, pronto cayeron en el vacío. Al día siguiente Jovito había girado 180 grados. Preocupado, Horacio Cabreras Sifontes, fue hasta la residencia de Jovito, donde se hallaba reunido con un grupo de miembros del Directorio y la dijo: “Hermano, necesito hablar con usted dos minutos” y respondió el maestro: “dos minutos es mucho tiempo”. Entonces replico Horacio:”lo que le iba a decir es privado mejor es que lo sepan todos: hermanos, a ti te queda una sola alternativa, o eres consecuente con lo que dijiste anoche o te perdiste para siempre”. Parecía derrumbarse así la grande y entrañable amistad de muchos años, desde los torturantes días de la Rotunda.

Eso era la personalidad de este hombre que el lunes 13, a las cinco de la tarde, tuvo el valor de dispararse un tiro ante la perspectiva de la invalidez. Quizás si se acuerda de Franklin Delano Roosvelt que dirigió a su gran gran país desde una silla de ruedas, habría desistido, pero fue su decisión y se respeta, al fin y al cabo como decía Albert Camus, muerto también trágicamente, pero en accidente de transito, que “vivir es un suicidio” y si lo es en el fondo, Horacio no hizo otra cosa que reforzar el concepto con un hecho desgarradoramente contundente.

Pero nos deja su lección de honestidad y franqueza y una obra literaria  de una docena de libros que comenzó a ser profusa con “la Guayana Esequiba”, estudio profundo que realizó cuando el Gobierno de Venezuela a través del Canciller Marcos Falcón Briceño denunció en el seno de las Naciones Unidas, el Laudo Arbitral de 1899. En 1972 continuó su obra con “La Rubiera”, relato basado en su experiencia como administrador que fue de ese fundo, el más grande habido en Venezuela, 180 leguas y donde vivió constantemente enfrentado a cuatreros organizados que diezmaban la ganadería y tigres depredadores que abundaban en la zona. En 1974 público “El Conde Cattaneo”  que es la vida de un personaje aristocrático llegado a Venezuela en tiempos de Cipriano Casto y que tuvo muy unido a su familia, especialmente al General Domingo Sifontes, fundador del Dorado y con quien expulsó a ingleses empeñados en  rodar las fronteras. En 1979 publico “Verdad del lago Parima”, relato donde sostiene que ese lago, realmente existió, pero no era ningún Dorado. Lo ubica en lo que es hoy un Hato la Vergareña que fue de su propiedad, donde hoy pastan unas 30 mil cabezas de ganado. Este valle o depresión de 50 mil hectáreas corresponde según su investigación al punto geográfico señalado por Humboldt y revela características geológicas de un lago que se vació por un fenómeno muy espontáneo y natural.

En 1980 hizo editar “Guayana el Mocho Hernández”, libro que relata episodio de la Guayana adentro en torno a este pintoresco personaje de la política venezolana, quien junto a su abuelo el General Domingo Sifontes se sublevó en el Yuruary en respaldo de la Revolución Legalista de Joaquín Crespo.

En 1982 “El Profeta Enoch”, vivencia y seguimiento que le hizo a este personaje misterioso que conmovía a Guayana en los tiempos de Humareda, 1926, por sus predicciones tan negativas que se volviera contra de el, pues termino preso en cárcel colombiana.

1984, “La Guayana de Oro y Don Antonio Luccioni”, que es la vida documental de este corzo fundador de El Callao y administrador de las minas más fabulosas descubiertas en aquel distrito minero del Yuruary;
1985, “El Tigre de Madre Viejo”. Donde cuenta varias de sus hazañas como gran matador de tigres. Se enfrento a un centenar de felinos en la Rubiera, en los Montes de Nuria y en la Vergareña, entre otros el tigre Madre Viejo, azote de la Hacienda Buena Esperanza, del coronel Eloy Montenegro, al sur del Lago de Maracaibo.

En 1988, “El Abuelo”, un ensayo sobre la vida y ambiente del General Domingo Sifontes, con motivo de bicentenario de su tierra Tumeremo, donde nació hace 85 años.

Casi todas sus obras fueron publicadas en Caracas por cuenta de Editores Centauro, excepto los dos últimas:”Estudio Histórico Geográfico de Guayana” y “El extraño caso donde velorio en ausencia” editados por la Gobernación del Estado Bolívar.


Algunas otras obras seguramente quedan por allí, tal vez el “Taita del que tanto hablaba, rezagado en los anaqueles apretados por su biblioteca envidiable, y que seguramente ser rescatado por su publica en ausencia. Sería esta la de un filósofo llanero que como todos los filósofos deben tener su concepción de la muerte, como la tuvo Ludovico Silva, a quien cito, al iniciar este reportaje, y con el cual se me antoja concluir citando esto que el también dijo de la muerte: la muerte es un viento frío que nos penetra hasta los huesos y los deja como resecos y duro, con el blancor deslumbrante. Ya he sentido esa muerte, yo he estado muerto. Hace diez años, durante una enfermedad penosa, vi pasar delante mió un montón de cadáveres. Y, ahora, en mis sueños la vigilia, veo muertos, muchos muertos. Este producto de mi melancolía, me ha vuelto intratable, porque no hago sino ver fantasmas y oír música, encerrado como un cadáver en un rincón más humilde de mi casa. Es lo que quería ese gran filósofo de la muerte, Franz Kafka:”solo un rincón donde respirar”. 

jueves, 10 de diciembre de 2015

ARGENIS DAZA GUEVARA


El 28 de abril de 1994 murió en Caracas este poeta venezolano nacido en Tumeremo, tras un derrame cerebral, a la edad de 55 años.  Publicó siete libros de poesía y un ensayo sobre la libertad de expresión.

            Nacido en Tumeremo en 1939, tiempos febriles del balatá, Argenis Daza Guevara quedó huérfano cuando cursaba el primer año de bachillerato en el Liceo Peñalver.  Entonces debió ser internado en la Escuela Normal Experimental "Gervasio Rubio" del Táchira.  Su padre Francisco Daza Carmona, era escritor, pintor y Juez de Tumeremo.  Como hecho curioso, pintó al Profeta Enoch cuando peregrinó por Guayana en tiempos de la humareda.  La pintura existe y se venera en la Capilla de El Manteco.
            Daza definitivamente se radicó en Caracas como casi todos los intelectuales, políticos y artistas de valía de este Estado.  Ocasionalmente venía a encontrarse con los amigos y a contemplar el Río desde la barra del Hotel Bolívar con un vaso de Scoch aromando el ambiente.
            La última vez que lo vimos vino invitado por sus paisanos el Dr. Ramón Córdova Ascanio y Almilcar Fajardo y coincidencialmente se encontró con su otro paisano, el pintor Omar Granado, quien trabaja desde años en Extensión Cultural de la Universidad de los Andes. Juntos recorrimos toda la ciudad abordando  exquisitos y escabrosos  temas, incluyendo insalvablemente el de la política.  Porque en su juventud fue un activista político al lado de Cheito Herrera Oropeza, José Vicente Rangel, Fabricio Ojeda hasta que vino la escisión urredista y más nunca le interesó la política sino sólo en cuanto lo que ella podía significar para el destino del país.  Su oficio principal, en todo caso, fue siempre el de poeta y profesor de derecho penal de la Universidad Central de Venezuela.
            En esa ocasión también visitó su tierra natal y se vino decepcionado, aunque reconocía que "Tumeremo siempre ha sido tomorrow night, sólo que ahora se ha transformado por la cultura del asalto que tenemos como cualquier pueblo del Oeste"
            -¿Cuál Oeste? -le preguntamos en un diálogo prolongado que ahora en la impactante ocasión de su muerte publicamos a manera de autoretrato  de este valor nuestro de la poesía considerada por Guillermo Sucre como "creación mítica donde lo real se niega toda vitualidad y se vuelve imaginación pura, absoluta".
            -¿Cuál Oeste, poeta?
            -El Oeste minero, no el Oeste serio de Faulkner y Hemingway -respondió.
            -¿Te importa haber nacido en Tumeremo?
            -Los hechos trascendentales de uno no es el nacimiento ni la muerte, simplemente cuando conjuga todas las vitalidades o todas las expresiones que uno puede manifestar.
            -¿Cómo era el Tumeremo de tus padres?
            -Un pueblo balatero y, precisamente, una de las cuestiones que yo he entendido muy bien es el que no exista una literatura del balatá a pesar de que en "Canaíma", uno de los mejores capítulos de Gallegos es el de la Tempestad.  Tumeremo era un pueblo balatero, no de aventuras, arribistas o atorrantes como se ha convertido ahora.
            -¿Ese apellido tuyo es de ancestro tumeremense?
            -Hay una experiencia histórica que desde el puto de vista sociológico merece ser estudiada.  Tumeremo es un pueblo donde existe un ancestro larense.  El apellido Daza, Castillo, Núñez, son de origen larense.
            -Ahora ¿por qué llegaron a Tumeremo?
            -Esa es una indagación que no se ha hecho seriamente.
            -¿Llegaron, tal vez, como el Profeta Enoch en busca de algo?
            -El Profeta Enoch, ciertamente, fue un señor que llegó allí y nadie sabe de dónde vino, cómo llegó y a qué.  Mi padre lo pinta por primera vez en El Manteco donde existe una Capilla que la abren en ocasiones muy específicas con ese dibujo que hizo mi padre Francisco Daza Carmona.
            -He oido decir que Tumeremo es una cuna de muy buenos escritores ¿tú crees eso?
            -Eso también hay que indagarlo porque los niveles culturales de allí eran limitados a la escuela primaria, pero existían artistas, hay muchos de ellos de significación.
            Tu padre ¿era intelectual?
            -Mi papá era escritor, pintor y Juez de Tumeremo, pero nativo de Barquisimeto.
            -Pedro Monasterios Soto, bisabuelo del pintor Rafael Monasterios, ambos de Barquisimeto, también estuvo por esos lados del Yuruari buscando oro.  Tal vez tu padre Daza Carmona le seguía los pasos ¿no crees?
            -En esos tiempos la gente del centro se sentía muy atraída por el misterio de la selva, pero la tecnología de hoy ha acabado con eso.  Bártoli, Rassi, Lezama, Daza Carmona, vivieron eternamente buscando oro y nunca consiguieron nada; en cambio, ahora hay muchos compañeros míos de generación que son absolutamente ricos debido a la tecnología de la explotación del oro.
            -¿Ni una pepita garzoneada siquiera consiguió tu viejo?
            -Yo tenía una Tía que siempre salía a las minas cuando había una "bulla", pero siempre regresaba sin oro y con otro muchacho.  Yo le decía: "Caramba, Tía, usted no cogió oro sino que el oro la cogió a usted".
            -Hoy cualquier abogado se hace llamar "Doctor".  ¿Estás tú también en el mismo caso?
            -Yo, después que me gradué de abogado en 1965, hice un doctorado en Derecho Penal y como tal fui Procurador General del Estado Bolívar y posteriormente asesor de la Fiscalía General del Ministerio Público.
            -¿Ejerces?
            -Ejerzo la docencia en la UCV.  Por cierto, que una de las cosas que me satisfacen es que en un Concurso donde participaban profesionales venidos de la Sorbona y Moscú, yo saqué las notas más altas: 19 en la escrita y 20 en la oral.
            -¿Ganas mucho como Profesor?
            -La gente tiene una equivocación con relación a la docencia universitaria.  Hasta hace poco los profesores universitarios éramos los peores pagados del país.
            -¿Cuántas horas trabaja un Profesor a tiempo completo?
            -En la UCV un profesor a tiempo completo no da más de 15 horas a la semana porque la investigación quita mucho tiempo.
            -¿Que investigas actualmente?
            -Acabo de publicar un trabajo por encargo de la UCV sobre la Libertad de Expresión, no en el sentido populista como suele tratarse el tema, sino en el sentido jurídico.  La Libertad de expresión y los delitos de expresión.  También un trabajo de mayor envergadura sobre la Sociología de la Prognosis porque aquí los planificadores están acostumbrados al simple diagnóstico, es decir, la Sociología se reduce a la verificación empírica de un conjunto de hechos, pero no hay una prospección de lo que podría ser una sociedad en el año 2020 o 2100.
            -¿Cuál es el problema?
            -La metodología es el problema que presenta ese tipo de trabajo como lo hacía Toffler del Shock del futuro.  ¿Qué va a ocurrir? y no qué ocurrió, porque eso sería una sociología histórica.  Entonces yo creo que se necesita una Sociología del futuro.  No una verificación empírica de los hechos.
            -La UCV está manejando esos parámetros?
            -En la Universidad tampoco se manejan esos parámetros.  Muchos de los sociólogos nuestros se limitan a repetir la teoría de Marx, al análisis de los modos de producción, al análisis funcionalista de la sociología norteamericana, pero no existe un análisis de lo que va a ocurrir.
            -¿Ocurre lo mismo en los Partidos Políticos en donde, por cierto, veo que abundan los brujos?
            -Posiblemente los aventureros son los que han escogido el análisis del futuro.  Asumen el análisis del futuro en función de conseguir un puesto y de decir a cualquier candidato "hay que hacer ésto o lo otro", pero no desde el punto de vista científico, aunque yo no creo tampoco que las Ciencias Sociales constituyan alguna ciencia específica.
            -Aparte de esos ensayos para la UCV ¿qué has hecho y qué tienes en proyecto en materia de poesía?
            -Mi primer libro "Espadas ebrias", lo publiqué en 1958.  Luego vino "Actos de Magia", después "Juegos de reyes", "Irreales", "Testimonios, Juegos y Cábalas", "Sin ninguna abstención bajo palabra" y "En excesos de formas".
            -De esos libros cuál es el que más te satisface?
            -Actos de Magia es un libro que a mi me satisface porque allí hay planteamientos de una literatura y rompe exactamente con la generación anterior de nosotros que estaba dominada por "Sardio" (aproximada a AD) y "Tabla Redonda" (PCV).  Sin embargo, la mayoría de los escritores de "Sardio" ha asumido políticas de derecha.  Los escritores de "Tabla Redonda", donde están Guedez, Sanoja Hernández y otros, mantienen su misma posición ideológica.
            -¿Por qué a los escritores les seducen las Embajadas?
            -Ese es un fenómeno muy interesante. Muchos de nosotros no pueden ver una Embajada porque ahí mismo le embisten. A los radicalitas políticos los destruye la Cancillería. 
            -¿Y la Asociación de Escritores ¿para qué sirve?
            -Deberían cambiarle el nombre por Asociación de Viajeros. Ahí parece que hacen cosas o no hacen nada, particularmente no creo en ese tipo de Asociación.
            -¿Y la República del Este?
            -Esas son circunstancias de la crisis intelectual del país.  El  ex Presidente Lucinchi era uno de los prehabitantes de la República del Este.  En determinado momento existía una cuarta parte del Gabinete:  Díaz Bruzual, Luis Pastori, Manuel Quijada, lo que pasa es que mucha gente pone la perspectiva de la República del Este como una "Asociación de Borrachos" y no como un centro de entendimiento intelectual.  Concurrentes a la República del este era Luis Beltrán Prieto Figueroa, Jóvito Villalba, el general Pardi Dávila, Miguel Otero Silva.  Era una tertulia un poco a la española.
            -¿De dónde viene eso de que los intelectuales son una "cuerda de borrachos".
            Entre los intelectuales es la ausencia de prejuicios.  Los políticos beben en todas partes, menos uno que bebe públicamente.  Es como las mujeres que dicen: "no, mi marido no es ningún borracho, el sólo bebe en la casa".  No hay ninguna diferencia en hacerlo en la casa y en un botiquín.
            -De veras ¿por qué a los intelectuales les gusta tanto el "palo"?
            -Bueno, eso habría que preguntárselo también a los militares.  Tú vas al Club Militar y no encuentras a los oficiales comiendo pasta o a los médicos en su Club practicando la cirugía.
            -A ti, poeta, por ejemplo, te critican eso de que te echas el palo en demasía.
            -Bueno... y el Cardenal Lebrún?  Yo no se quienes comienzan primero, si son los curas o los poetas.  Acaso Jesucristo que era un poeta y un orador, no consumía vino...
            -Apartando el vino y volviendo a la poesía ¿qué opinas de la Poesía venezolana dentro del contexto latinoamericano?
            -La poesía venezolana sobrepasa un rato largo a todos los otros géneros.  Digamos, la novela es un género decadente, sobre todo, eso que llama género histórico.  Es muy fácil agarrarse un libro, buscar un conjunto de datos históricos y reformularlos en un personaje.  Posiblemente, Denzil Romero, con la tragedia del Generalísimo Miranda, ha hecho la última novela histórica que pueda concebirse en este país.
            -¿Has leído a Piar, de Herrera Luque?
            -Leí algunos capítulos.  Piar es indudablemente un personaje histórico para mí, más significativo.  De Piar existir, de haber subsistido, no se estaría discutiendo con Colombia ni con Guyana.

            Pero Piar está muerto como lo está hoy el poeta de Tumeremo que ya no volverá para decir: "Hoy necesito descubrir nuevamente las cosas -lo que son y lo que han dejado de ser- pues, en el tiempo, estamos limitados a una sola forma que no siempre es la misma".

miércoles, 9 de diciembre de 2015

JOSÉ BERTI



La vida adulta hasta su muerte  de este novelista y este cuentista de la selva guayanesa, nacido en Tovar de Mérida en octubre de 1941, transcurrió entre el Caroní y la paragua, lugar de este último donde fundó un Hato que se le tragó el embalse de la prensa de Guri.

Sobre la selva de Guayana, extendida esta hasta Río Negro y el Guainía, han escrito y transcendido el francés Julio Verne con su novela “El Soberbio Orinoco”, asimismo el norteamericano Robert Hudson con su novela “Mansiones Verdes”; el venezolano Rómulo Gallegos con su prodigiosa obra “Canaíma” y el colombiano José Eustacio Rivera con la “La Vigárine”, pero ninguno tan personalmente vivencial, profuso y omnímodo como José Berti.

 Berti escribió “Hacia el Oeste corre el Antabare”, “Espejismo de la Selva”, “Oro y Orquídea”, EL “Motor Supremo” y habría podido escribir otra más si no hubiera sino porque la muerte lo atajó a destiempo.

Julio Verne jamás vino a América y mucho menos podía estar en Guayana. Su novela la escribió apoyado en los relatos que hizo Jean Chaffanjon de sus viajes por el Caura y el Orinoco tratando de localizar las fuentes primarias del gran río.

Gallegos no vivió en Guayana. no necesito vivir en Guayana para escribir su novela “Canaíma”  a la que algunos críticos encontraron parecida a “La Vorgine”, no así el crítico  chileno Arturo Torres Rioseco, quien la halla diferente no solo en cuanto a técnica y estilo si no en el planteamiento de fondo.

Pedro Díaz Seijas la considera la Novela de las Selva, donde la selva es la gran protagonista a veces enfrentada con sus propias criaturas. Para Juan Liscano, Canaíma “antes que la novela de la selva”, es la novela de Marcos Vargas, su principal protagonista, otra figura extraordinaria del existir venezolano”.

“La Vorágine” la escribió José Eustacio Rivera basado en los manuscrito de Arturo Cova remitido al Gobierno de su país por el Cónsul de Colombia en Manaos, y roza a la selva de Guayana al través de Río Negro, Funes y la Guaina,  en tantos que Canaíma da escribió Gallegos entre Nueva York y España después de una breve visita a Guayana en 1930 bajo el Gobierno local del doctor Toribio Muños y llevando como baquiano a Rafael Lezama, configurado con la novela como Manuel Ladera.
De suerte e independientemente de la   calidad y trascendencia de lose anteriores, la obra de José Berti resulta relevante porque lo vivió y escribe en carne propia y con los pies afincados en la misma selva, ya es un Alto Supamo extrayendo la savia del balatá como en Parapapoy  buscando el dorado o en el Alto Paragua explotando madera o cruzando ganado de las raza Cebú con Red Pol en su Hato de San Mateo y El Cachimbo sepultado por las aguas represadas en Guri.

Berti no nació en Guayana sino en el merideño pueblo de Tovar (4 de octubre de 1891). Estudio en Mérida hasta graduarse de bachiller en filosofía (1909) y luego curso ingeniería en la Universidad Central de Venezuela, carrera que abandono para dedicarse a la actividad minera y agropecuaria de Guayana, donde hizo fortuna como propietario de las minas de oro en Parapapoy, del Hato Cachimbo y del aserradero Santa Magdalena de Currucay. De temprana edad, Berti se sintió atraído por el influjo de la selva de Guayana a través de los relatos de viejos aventureros y una vez en Caracas reforzó esa inquietud y decidió internarse en la selva sureña del Orinoco tras la aventura del Dorado en cualquiera de sus forma, tal como lo hicieron antes que el Médico Luis Plazard desde la aragueña colonia Tovar y Pedro Monasterio desde Barquisimeto. Pero José Berti, como el cojereño Lucas Fernández Peña, Fundador de Santa Elena de Uairén, se quedo sembrado hasta confundirse sus restos con la tierra de su Hato Cachimbo.

Se había, en efecto, graduado de bachiller en Mérida y avanzado con la carrera de ingeniería en la UCV, pero como Marcos Vargas, renuncio a la civilización y busco los caminos del “infierno verde” para regresarle a su mundo de origen de los frutos de ardorosas vivencias con lo salvaje y lo primitivo.

Berti volvió y murió en la selva, pero jamás perdió contacto con la civilización. Siempre estuvo vinculado a ella a través de la familia y sus libros. Así pudo trascender a la voz de críticos como el español Francisco Cosssia y Corral; de instituciones como la sociedad y antropología y Geografía; de periódicos como “La Prensa” de Buenos Aires y de revista como “Book Abrotas” de Nueva York y Billiken, de Argentina.

De las obras de José Berti, se conoce “hacía el Oeste el Antabare” (1945), la primera; “Espejismo de la Selva” publicada en 1947, “Oro y Orquídea”, en 1955 y “Motor Supremo” editada en 1957, todas escrito sobre una base autobiográfica y en las cuales trata temas vinculados con la explotación aurífera, la del caucho de la vida de Guayana.

Hacía el Oeste corre el Antabare” es un libro de leyenda en la cual se encuentra la breve novela “Menqui”  de diez capítulos. “Espejismo de la Selva”  es más vivencial y en ella hay un buen material sobre la Paragua, pues al final de sus jornadas por intricadas regiones de la selva se estableció allí definitivamente y fundo <Cachimbo> después de haber vendido el Hato San Mateo. <Espejismo de la selva> es la novela cauchera, la historia de la explotación, comercio del balatá y de las peripecias del hombre de trabajo incursionando con arrojo en lo desconocido. Es también continuación de la biografía etnolológia de una raza que se extingue por la misma fuerza del hombre, supuestamente civilizado, que penetra en la selva, y asimismo la historia de lo humano y de lo divino, la historia de la injusticia y la arbitrariedad de una época signada por el despotismo político que encarna Venezuela si la dividían socialmente los Doctores y los Generales y estos últimos se encontraban hasta los jefes Civiles y Comisarios en los lugares más remotos del campo y de la selva.

“Oro y Orquídea” es prácticamente la continuación de “Espejismo de la Selva”, pero relato de transición  entre lo que se llamo la fiebre del balatá y la del oro. El metal, señuelo de la conquista, reaparece con inusitado interés tras el auge del caucho. Reaparece en cada meandro y recodo del Caroní dando pábulo a leyenda e historias que cobran fuerzas descriptivas en los tres primeros libros y que Berti intenta coronar con “Motor Supremo”, su última novela publicada dos años antes de su muerte (1959).

Vino a ser esta novela del llano, de la anegadiza pampa apureña que sirve de refugio al fugitivo tovareño Hipólito, indomable y violento espíritu de la sierra que siempre se impone al adversario haciendo honor al legendario valor de los Paracá.

Los arecunas son las comunidades indígenas con las cuales convive y tiene mayor contacto Berti en sus andanzas en la selva. En su novela “Hacia el Oeste corre el Antabare”  hace mención a la deidad Canaíma, la cual también recoge Gallegos en su novela del mismo nombre. Dice Berti que los arecunas, habitantes del Antabare que afluente de Caroní, como muchas otras tribus, no creen en la muerte natural y para explicase la eterna desaparición del ser humano, concibieron a Canaíma, divinidad que ellos imaginaban como un extraño indio vestido de noche sin luna, que habita en los recónditos parajes de la selva y aparece en todas partes con diferentes nombres, siempre armado con un gran garrote de tres filos y una tapara de yare parta golpear o envenenar a su victimas.
Loa arecunas tienen un dios, provisto de dos cabezas. La de la derecha con el nombre de Atictó, la deidad del mar. Es la deidad del bien y la de la izquierda con el nombre de Ueue,  la deidad del mal. Cada deidad del bien y del mal tiene delegados que habitan sobre las cumbres planas de los Tepuyes y hacía las cuales deben acudir el piatsan,  especie de mensajero o procurador siempre pendiente de los problemas y calamidades del pueblo.

Por ejemplo, cuando un arekuna se enfrenta, el piatsan trasmite el mensaje a esos espíritus del bien y del mal que habitan sobre los Tepuyes. Estos, los Mabaritón y los Canaimatón alzan el vuelo y se posan sobre las cabeza del Dios. Si se inclina primero Ataictó, el enfermo se salvará, si por el contrario lo hace primero Ueue, el paciente morirá.

Y así como esta leyenda existen muchas de los arecunas, entre ellas la del Colibrí que es como premonitoria de lo que ocurrirá  en el Caroní con las presas hidroeléctricas. Según esta leyenda que Berti recoge en “Espejismo de la selva”, cada cierto tiempo, por las noches, aparecía surcando las aguas tormentosas del Caroní, una misteriosa canoa conduciendo a un gigantesco Colibrí coronado de luz muy viva e intensa y cuya mirada como rayo fulminaba a cuanto ser humano estuviese a su alcance. Para los arecunas tenía su nombre: “Tucuy Endaquemá”  y para evitar que el extraño pájaro alado pudiera con su canoa remontar algún día hasta el poblado, los indios pensaban construir un número de piedras atravesadas en el río, tal cual como esta hoy el dique de la Gran Presa de Guri. Solo que este muro o dique de ahora nada evita sino que favorece la fuerza megavática oculta en el río y que realmente puede fulminar a cualquier ser viviente, pero que la ciencia y la tecnología moderna son capaces de dominar, controlar y administrar en función de un aprovechamiento que solo admite la destrucción en forma accidental o fortuita.
Berti terminó sus días el 9 de marzo de 1959, en su propio Hato Cachimbo del Hato Paragua donde quedo sepultado. Años después sus restos fueron exhumados y reubicaron debido a una expropiación del fundo, ejecutada por CVG-Edelca ante la inminencia de ser cubierto por las aguas represadas de la Gran Empresa Hidroeléctrica de Guri.


Mérida que nunca se olvida de sus valores, aunque se hallan realizado y servido en otro lares, rindió homenaje al escritor  tovareño erigiéndole en el centenario  de su natalicio, un busto más una plaza en Tovar, y recientemente la Gobernación decretó la reedición de sus obras comenzando por “Hacía el Oeste el Antabare”. Es lo que nos informó a mi y a Olimpia Berti, nieta del escritor, a través de sendas llamadas telefónicas desde Mérida, el colega Néstor Sánchez, Cronista de Bailadores y Director del Archivo Municipal de Tovar.