viernes, 4 de diciembre de 2015

HUMBERTO BÁRTOLI


 Primero en aplicar la penicilina en Guayana.  Primero también en practicar una operación quirúrgica en la Zona del Hierro.  Siendo Gran Maestro dejó de ir a la Logia por consideración a Monseñor Samuel Pinto Gómez, Vicario de la Diócesis, quien vivía en su casa.
            Bártoli dice que es la mano de Esperanza la que está en todo eso que se le mete a uno por los ojos que traspone el umbral y sube hasta el pequeño cuarto de estudio donde la juventud del general Juan Vicente Gómez quedó atrapado en un retrato tan viejo  como el siglo  y donde un telescopio caído parece resentirse de no poder ver el Halley que se asoma atravesando la constelación de acuario.
            Abajo, desde el recibo hasta la puerta de la cocina que  envuelve con su aroma la juventud de Esperanza, las traviesas Muriel y Poliana  discurren sin alterar la atmósfera yerática de valiosas piezas antiguas. Un majestuoso reloj francés  del siglo quince, otros y muchos más abanicando la inexorabilidad  del tiempo; una colección de monedas venezolanas comenzando por la locha monaguense; increíbles lámparas de carburo colgantes haciendo juego con las doradas del Santísimo que  Monseñor  Samuel Pinto Gómez  no quiso que permanecieran más en la ibérica  península de sus ancestros; una campana apagada contra el piso y un título de bachiller en Filosofía  de los que expedía la Universidad Central y del cual se enorgullece nuestro entrevistado Humberto Bártoli, médico cirujano graduado en la propia UCV en una época en que ya los norteamericanos habiéndose afianzado en la industria extractiva del petróleo buscaban hacerlo igual con el hierro de Guayana.
            En cada una de esas piezas antiguas decorando muros y pasillos, incluyendo una caja fuerte inglesa, el piano del Deán y la autofónica  del general  Marcelino Torres García, “La Negra”, como le dice a su esposa Esperanza Wagner, puso su gracia y su acento.
            Ella se llama como mi finca  que hubiera podido llamar “Rosita” ¿pero, figúrate, quién la hubiera aguantado?
            Bártoli, como buen cristiano, asegura que cumple con los diez mandamientos, menos con el noveno, según el cual no se debe desear la mujer del prójimo.
            Su matrimonio se parece mucho a un restaurante  en que cada uno cree que ha pedido lo mejor hasta que ve el plato del vecino – arguye con una sonrisa pisciana.
            Hablando de platos, no hay nada mejor que unas pastas a la toscana. Eso le viene desde muy atrás. Le viene de los Luquessi y los Bártoli que eran de Lucca, ciudad de Italia. Los Bártoli siguieron las huellas del Peregrino Luquessi, un tío alarife que se vino a Ciudad Bolívar el siglo anterior para levantar muchas casas de calicanto en el casco angostureño. Santos Bártoli, mi abuelo, estudiaba en el Galileo Galilei de Florencia y llegó a ser diácono en el deseo familiar de que fuese sacerdote, pero como su padre el escultor Doménico Bártoli murió en Berlín a causa de una pulmonía complicada, desistió del sacerdocio y se dejó atraer por la añagaza del oro que quiso encontrar ya de caporal o poniéndose a la par de los musculosos negros de El Callao que semidesnudos y la luz de velas parapeteadas en la profundidad de los túneles, penetraban a fuerza de martillo las entrañas de las vetas. A quien hablaba  un italiano puro y hubiese formado en un colegio florentino tan prestigioso como espiritual, le resultaba un infierno dantesco aquella empresa de oro escondido en las entrañas de la madre tierra y no soportándolo mucho se vino a la Upata  de los Cova  Fernández donde comenzó a nucleares, mezclarse y ramificarse el toscano apellido Bártoli. Santos Bártoli se casó con Rosario Salmerón, nieta de Don Pedro Cova, siendo caporal del hato de sus padres donde después de diácono y minero se hizo llanero de lazo y espuelas. De este matrimonio Bártoli - Salmerón nacieron: Isabel, Alfredo, Pedro, José Angel, Teodoro, Carmelita y Virgilio.
            Yo soy hijo de Pedro y primer nieto de la familia. Mi padre se casó con Carmen Teresa Da Silva, de Upata, hija de don Pancho Da Silva, de origen portugués.  Nací  4 de Marzo de 1917, en plena época gomecista, cuando de la villa de Yocoima a Ciudad Bolívar se tardaba tres días y a veces cuatro en invierno atravesando la montaña de Caruachi y ocho horas mínimo navegando el Orinoco desde Puerto de Tablas. Por la piel de este hombre magro, curtido en el ejercicio pleno de la medicina, han pasado casi setenta años y según la teoría astrológica que rige para los nacidos bajo el signo de Neptuno, habrá de ver lo que está un poco más allá del año 2000. Durante ese trayecto han nacido 5 hembras, 5 varones y 22 nietos. Se casó cuando estudiaba segundo año de medicina y pudo graduarse no obstante las complicaciones del connubio en Octubre de 1944. Díez días después era jefe del Departamento de Medicina de la Iron Mines Co. of  Venezuela. Recuerda el doctor Humberto Bártoli que a bordo de un DC-3 llegó al aeropuerto de San Félix que era un pajonal, vestido con traje azul marino y una corbata que lo ahorcaba a plena y radiante luz del sol.
            Graduado en ciencias médicas retornaba a la tierra confluida por el Orinoco y el Caroní donde emergería la industria pesada venezolana, equidistante de su nativa Upata donde transcurrió toda su infancia  de primaria y Ciudad Bolívar, donde estudió la secundaria.
            Pero en el Campamento de Palúa estuve poco tiempo debido a un impasse con la superintendencia, además me sentía como amarrado y a mi el único lazo que me ata desde hace 50 años es el de Mi Negra.
            ¿Y qué le pasó?
            El Superintendente de la compañía pretendía que la penicilina que traían cruda y en frasco de cien mil unidades desde Estados Unidos sólo fuese utilizada en pacientes norteamericanos.
            ¿Cómo reaccionó?
            -Yo soy venezolano, vivo, trabajo en y para Venezuela y primero son mis compatriotas y después los gringos.
 El doctor Bártoli fue el primero en usar la Penicilina en el Estado Bolívar. La poderosa sustancia bacteriológica había sido descubierta en 1928 por el médico inglés Alexander Fleming junto con Chain y Florey. Llegaba a Guayana 16 años después. Bártoli fue también el primero en practicar una operación quirúrgica en la Zona del Hierro. Lo recuerda orgulloso y con vivo interés: Era un paciente que sufría de acceso apendicular, de nombre Angel Medina, andino, marido de Pepita Pérez Vidal. Trabajaba como carpintero en la compañía y después por virtud de lo acontecido sellamos una amistad de  compadre.
            ¿Cuánto ganaba un médico entonces?
            Yo ganaba en la Iron 1400 bolívares trabajando 24 horas los siete días de la semana.
            ¿Qué hizo después?
            Renuncié para encargarme de la Medicatura  Rural de San Félix y a raíz de la Revolución de Octubre de 1945, me transfirieron para el viejo Hospital de Ciudad Bolívar donde trabajé en el Servicio de Cirugía para Mujeres y como médico del Batallón de la Infantería de la plaza, pero al año y medio se registró una epidemia de viruela  en Tumeremo y Sanidad me pidió trasladarme hasta allá para combatirla. De 300 casos sólo uno fue mortal. Luego me nombraron director del hospital Santa Rosa de Tumeremo y allí permanecí durante diez años alternado como médico de las FAC y como forense. En 1957 el doctor Humberto Bártoli retornó a Ciudad Bolívar donde continuó ejerciendo como Médico Forense. Ejerció en el Seguro Social. Dirigió la Unidad del Ipasme durante 14 años y sirvió como médico civil en el Batallón de Ingenieros Juan Manuel Cajigal N º 6 durante cuatro años. Es autor de la letra de la canción marcial de este Batallón a la cual el maestro Gallegos le puso la música. Porque Bártoli- faceta desconocida- es poeta, acaso por influencia del poeta José del Valle Laveaux, quien fue su maestro de primaria en Upata. Pero sus versos siguen a la medida y estilo del pasado y para no chocar con lo contemporáneo dice que prefiere guardarlos bien guardados.
            ¨Es lo mejor¨ subraya mientras nos sirve un guayoyo. Bártoli suma 41 años de ejercicio profesional  y en su cuarto de estudios hay diplomas de todos los tamaños.  24 años en el Seguro, 30 años como médico forense, de los cuales 25 en la PTJ, 10 años en la FAC, 4 en el Cajigal, 10 en el hospital de Tumeremo, y sigue.  Jamás ha ejercido la política.
            ¿Si tuviese que inscribirse en un partido político, en cuál lo haría?
            - En ninguno, Soy un independiente con gríngolas. No quiero mirar hacia los lados para no horrorizarme de muchas cosas que hacen los políticos.
            ¿Pero tiene sus ideas políticas, evidentemente?
            - Si, pero no deseo comentarlas ni discutirlas responde mientras se queda viendo fijamente un retrato de Gómez colocado en su cuarto.
            ¿Qué opina de los partidos políticos?
             - La partidocracia se está dejando aventajar por la autocracia en razón de que al multiplicar las ambiciones de sus líderes debilita la unidad que reclama la nación para poder funcionar óptimamente.
            ¿Cómo juzga a los presidentes que han gobernado los últimos 40 años?
            - Cargados de muy buenas intenciones, pero malos administradores. Guardando la distancia, creo que un pulpero administra mejor.
            ¿Cuál considera que ha sido el mejor Gobernador  que ha tenido el Estado Bolívar durante los cuatro últimos  decenios?
            - Aquí no ha habido ni buenos ni malos porque ninguno gobierna. Este es un país federal con un régimen centralista y los mandatarios regionales están constreñidos a los patrones  que le traza el Poder Central.
            ¿Por qué estudió medicina?
            - Porque  en mi época de estudiante había mas facilidades para la medicina que para la ingeniería mecánica.
            ¿Y ahora que está jubilado qué hace?
            - Yo soy campesino nato porque me crié en el hato de mi abuelo Pancho y la tierra se me metió en la sangre.  A 25 kilómetros antes de la encrucijada de Maripa está mi modesta finca. Se llama como mi mujer “Doña Esperanza” allí me siento integrado en la naturaleza.
            ¿Ha leído la última novela de García Márquez “El Amor en Tiempos de Cólera”?
            - No me avergüenza decir que no leo novelas sino puros textos de ciencia y tecnología.
            ¿Pero lee y escribe poesía?
            - Eso me releva de tener que leer novelas.
            ¿Y tengo entendido que también lee libros de francés y masonería?
            - Yo soy masón, fui Gran Maestro, pero estoy distanciado.
            ¿Por qué?
            -Podríamos decir impedimento de índole familiar y social.
            ¿No entiendo mucho?
            -Monseñor Samuel Pinto Gómez es un sacerdote católico. Pertenece a la familia pontificada en su calidad de monseñor. Es Deán de la Catedral y vive con nosotros desde hace 35 años que llegó de Europa y, por respeto y delicadeza me inhibo de asistir a los talleres de la Logia.


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