sábado, 19 de diciembre de 2015

MANUEL CISNEROS GAMBÚS


Estudiante frustrado de abogacía, cronista taurino, agente viajero, vendedor de Loock Strike, escritor de comedias, periodista, corredor de bienes raíces y humorista.
            Cuando llegó el  “Día de  Parada “ya Manuel Cisneros  Gambús llevaba cuatro meses sin fumar. El placentero vicio de consumir dos y media cajetillas de cigarrillos por día comenzó cuando distribuía por centros occidentales las marcas Lock Strike, Cool y Palmall. La gran competencia era el Chesterfield, pero competencia débil, al fin, para un hombre tan vital como Manolo que sabe de prestidigitaciones  y pases de torero y ¡olé! Porque, mire usted, que el muy tío se las sabía todas y tenía de todo en aquellos tiempos en que vender cigarrillos importados era mejor negocio que exportar petróleo, pues el “estiércol del diablo” lo extraían los gringos casi de regalo. Hasta se dio el lujo, él y su esposa María Mercedes, de posar para un artista que vino de Hungría especialmente a pintar al “gordito de Michelena” Los retratos al óleo cuelgan en la sala de esa acogedora casa que en un tiempo perteneció  a Augustico Casado y que Manolo adquirió por la bicoca suma de 65 mil bolívares. Tanto valía el bolívar en la época de Pérez Jiménez que uno podía comprar con esa cantidad  desde un Roice- Roll hasta  un inmueble como la vecina antigua casa del IAN que el doctor Ramón Castro  negoció  por 900 mil bolívares, cosa que  lamentó  mucho el doctor Miguel  Lima Ostos, pues, según me dijo, él tuvo la oportunidad inadvertida de poder con anterioridad tocarle  el punto a doña Ana Luisa Contasti. Pero la suerte, como siempre, estuvo al lado de Ramón y Manolo lo celebró porque lo tenía allí pegadito en la avenida Táchira. Sólo que él estaba siempre metido entre palmeras, matas de mango  y nombres de calles impresos sobre metálicas placas de Artiluz.
            A Manolo Cisneros  ya no le quedaba un solo vello negro en su estatura de 72 años. Embutido en su bata de baño marrón, sonriente y lleno de humorismo nos recibió un día sin saber a qué íbamos.  Después lo supo cuando leyó este reportaje, pues Manolo expresamente jamás lo habría aceptado.
            Simplemente lo desazona, no obstante haber sido miembro  de la AVP, fundador y director  de la revista “La Curbinata Frita” cronista taurino de “La Esfera” y ocasionalmente de “El Nacional”, escritor de comedias como aquella famosa  de “El Sarampión de Doña Susi” además de corrector  de pruebas  en sus tiempos de estudiante frustrado  de abogacía.
            Pues bien, Manolo, inhibido de cigarros, nos recibió con sus dos traviesos nietos  Melisa y Manuel Alejandro, tentado por un negado helado que le amenazaba la diabetes.   Entonces la vida no era tan dulce como antes, pero Manolo jamás perdía su buen talante ni su ocurrencia oportuna.
-         Américo - nos indaga- ¿sabes cual es la mitad de uno?
-         Creo que 0,5 -respondo.
-         No, chico, el ombligo. El ombligo es la mitad de uno
-         Y ¿Cien y Cien?
-         Doscientos – volvemos a responder ingenuamente.
-               No, hombre, una cuarta. Y Manolo para demostrarlo estira su mano y se toca con meñique y pulgar las partes laterales de la frente (de sien a sien).
Manolo no era hombre de rezos ni de misas. Sin embargo, cada domingo llegaba  hasta la Capilla de “Agua Salada” para ver a la Virgen del Carmen  y de regreso conversaba con el Chino Puerta, comerciante cuya popularidad  se diluye con el tiempo  de las nuevas generaciones.
 -¿Por qué ese ritual dominical de ver a la virgen de los escapularios?
  - Me lo inculcó mi Madre desde muy pequeño.
                   Los ascendientes maternos de Manolo fueron hispanos que se establecieron en Angostura en la época  de la  Colonia. Su padre, en cambio, era criollo. 
            - Pero esa vena humorística ¿de dónde viene?
            - Manolo  ríe y responde: No sé, es algo innato en mí, he sido así toda mi vida. Yo tengo tantas cosas por allí que a veces me dan ganas de volver a sacar  “La Curbinata  Frita”.
            - ¿Pero?
- Los derechos de esa revista humorística fueron traspasados al “El Expreso”.
 La revista de pequeño formato, en tricomía, estuvo saliendo semanalmente durante dos años a partir de 1965. Costaba un real, se metía con todo el mundo y se daba el postín  de salir cuando le daba la gana. Por lo menos, era ese su lema y Manolo, además de editor, era redactor, administrador y todo lo que termina en “or ” como humor que es lo que al fin y al cabo hay en esta revista divertida en la cual se introducía a todo personaje serio y simpático de la ciudad  como Pierre Otto, por ejemplo, sondeando platillos voladores en los erizados matorrales de la antigua Cervecería o como el otrora secretario general de gobierno Pedro Beltrán durmiendo sobre el capacete de su automóvil nuevo por temor a los ladrones.
             Luego fue el “Sarampión de Doña Susi” y “Los Interiores de Romeo y Julieta” escenificadas e interpretadas con distinguidas damas de la ciudad  sin experiencias en las tablas, pero que, sin embargo, hicieron que se agotaran  los boletos tanto aquí como en Caracas porque hasta en la metrópoli hubo que montar una de las dos comedias y le habría dado la vuelta al mundo si no “hubieran sido tan modestos”.
            Tan modestos digo en eso de dar a conocer nuestra obra porque sí a ver,  vamos  yo giré de veras cuatro veces el orbe por mar y aire dos veces íngrimo y solo y luego en la grata e incomparable compañía de María Mercedes, en el “Queen Elizabeth” que es como una ciudad flotante cruzando todos los mares y anclando en cada puerto  de ciudades importantes, cada una con costumbres y culturas distintas e increíbles. Todo un sueño que no termina y que uno quisiera repetir  en la realidad a pesar de lo inalcanzable que está el Dólar. Y aquí está el testimonio- dice Manolo después de haber abandonado su asiento en el porche para regresar cargado de álbumes de todos los tamaños.
            Va lentamente pasando y comentando las imágenes de grandes urbes congelados en el papel y se detiene en España adonde iba cada año atraído por la famosa  Feria de  San Isidro. Las calles aquí se llenan de turistas y los ruedos de muy postinudos toreros y a la memoria de Manolo llega sin aviso previo el genial  “Curro Puya” (Rafael Durand Rondón) extraordinario cronista taurino, a quien durante cuatro meses le hizo el quite en el diario “La Esfera” de Ramón David León y Edmundo Suegart, allí cerca del Nuevo Circo de Caracas y a Manolo la sangre del torero se le insufla de sentimiento gitano y el romance de García Lorca le brota:
            Aire de Roma andaluza

            Le doraba la cabeza

Donde su risa era un nardo
De sal y de inteligencia
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué buen serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
            Y a Manolo de repente se le prende una luz de advertencia, nos mira sospechoso y dice:
- No me estarás tú haciendo un reportaje?
- ¿Por qué lo supones?
- Llegas así de repente, sin previo aviso, y me preguntas sobre mi vida.
- Sólo ando Manolo indagando porque tengo pensado hacer más adelante un trabajo sobre publicaciones humorísticas.
- Ah, bueno, de eso si te puedo informar.
            Y, Manolo, habla del Loro, del Gallo Pelón, del Morrocoy Azul, del Sádico Ilustrado...
- Pero, dígame algo Manolo, ¿cuánto cuesta darle la vuelta al mundo?
- Yo solía viajar con unos cien mil bolívares, pero ahora da  dolor de dólar.
-  De todas maneras 100 mil bolívares son bastante para una familia de la clase media ¿no cree?
-  Antes yo lo podía hacer porque ganaba mucho dinero como agente y distribuidor en Barquisimeto de los cigarrillos Look Strike, Raleight, Pallmall y Cool.
               A Manolo se le viene a la mente un anecdótico rasgo de su noviazgo. Estaba de novio con María Mercedes y le hacía la visita en presencia de sus padres el doctor Oscar Luis Perfetti y Pepita. Sacó de su cigarrera un cool mentolado y le preguntó:
-  Mi amor, ¿quieres un “coolito”?
-  Más vale que no, su suegro se lo quedó mirando como un toro serrano encerrao.
Siendo distribuidor de cigarrillos decidió invertir en una tienda de mercancía seca en el propio Barquisimeto. Le puso a la tienda el nombre de “Tienda MCG”.
-  ¿Mueble Centro Guayana?
-No, mi tienda nada tenía que ver  con la de Baikoglu, “MCG” son las iniciales de mi nombre. Además allí no vendíamos muebles. Inmuebles sí vendí yo, pero ya aquí en Ciudad Bolívar. Yo funde el “Centro Inmobiliario del Sur” que luego vendí a Ramón y César  Gil.
- ¿A qué se dedica ahora? ¿Escribe?  
-  Administro bienes de mi propiedad: locales comerciales, viviendas y el Fundo Cardozo, una parte invadida y otra que quiere quitarme el Consejo Municipal mediante una rectificación de ejidos. Yo no quiero demandar y estoy haciendo de buena voluntad todas las diligencias para solventar la solución.
            Manolo saca documentos que datan de 1847 y los cuales a través de traspasos sucesivos testifican la propiedad legítima de esos terrenos.
-  Yo me opongo a que el Consejo haga lo que bien tenga que hacer con los ejidos de la ciudad, lo que objeto en términos legales y de acuerdo con el derecho común  es que una ampliación o rectificación de ejidos afecta la propiedad privada.
            Pero Manolo no quiere abundar sobre el tema y prefiere un paréntesis risueño animado por este cigarrillo:
            Es que yendo una vez para el bendito fundo, pasé por una Chivera en la que se leía a la entrada escrito con letras grandes  “SE VENDE ESTAÑO”.  Luego un individuo detuvo su carro, se bajó y preguntó al dueño: “¿A cómo  vende usted el kilo de estaño?” A lo que el propietario de la Chivera le respondió: “Que estaño ni que ocho  cuartos...  ahí  quiero decir que se vende esta Ñoña”Lo que pasa es que se me acabó la pintura y no pude completar la palabra.
-  ¿Y de quién es esa Chivera con nombre tan soso?
-  De un amigo mío que llamado Serapio Quintínn Lanz.

              Por cierto que vendió bien vendida la Chivera y como es tan largo su nombre, el amigo Serapio se firma “S.Q. LAZO” de modo que cuando estuvo en el Registro Principal  firmando el protocolo de venta y rubricó “S.Q. LAZO” la doctora Raiza por poco lo manda preso.

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